· By Kika Rocha
The Devil Wears Prada 2: Looks de archivo al street style
Hoy, casi dos décadas después y con la antesala que hicieron en sus lanzamientos alrededor del mundo, esta nueva entrega de The Devil Wears Prada 2 es un manual silencioso de estilo, ambición y mucha transformación, incluido a los personajes y sus looks. Una historia que pone en conversación muchos temas de esta industria de moda, outfits que no envejecen, evolucionan para mostrarnos nuevas propuestas de esos atemporales que nunca pasarán de moda.

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Porque más que prendas, lo que vemos son códigos vivos de poder, pertenencia y estilo. Al hacer una retrospectiva entre los looks icónicos de la primera entrega de The Devil Wears Prada y la gira de medios de la versión 2, se hace evidente cómo el archivo de las grandes casas de lujo vuelve a escena con intención y narrativa.

Un ejemplo clave es Andy Sachs: imposible no recordar aquel blazer de la colección Cruise 2005 de Chanel bajo la dirección de Karl Lagerfeld, que marcó su transformación dentro de la historia. Hoy, esa memoria se reinterpreta desde la realidad de Anne Hathaway, quien retoma códigos del personaje al lucir el abrigo café de Ralph Lauren —vinculado a la primera película— y lo actualiza con unos jeans de Levi's que vemos en la nueva entrega. Y como no recordar el total black de Andy, representado en un vestido de seda con ribetes de encaje de Dior, diseñado por John Galliano en 2005.



También fue vista saliendo de los estudios de The Tonight Show Starring Jimmy Fallon en Nueva York, tras promocionar la película, luciendo una pieza cargada de historia: el icónico abrigo verde vintage con detalles de piel animal print que su personaje Andy Sachs llevó en la primera entrega, reafirmando cómo el vestuario se convierte en un puente directo entre el archivo cinematográfico y la actualidad.

Mientras que Emily Blunt como Emily Charlton en una de sus apariciones de la primera entrega, lució una camisa de tartán por Vivienne Westwood, una pieza que refleja el ADN punk sofisticado de la firma del año 2006. El 29 de julio de 2025 fue vista luciendo un top bustier reciclado de satén de Wiederhoeft, una elección que conecta la estética del personaje con una visión contemporánea más consciente y experimental.


Otra pieza que, sin duda, ya se perfila como parte del archivo de la moda es el abrigo que Meryl Streep llevó hace unos días, antes del estreno mundial en Nueva York: un diseño de Gucci en animal print, contundente, invernal y absolutamente alineado con el ADN de poder de Miranda Priestly.

A esto se suma uno de los momentos más memorables del personaje en The Devil Wears Prada: el vestido negro hecho a medida de Valentino, inspirado en la alta costura otoño/invierno 2005, una pieza que encapsula su elegancia atemporal. Dos looks, dos épocas, una construcción impecable de un ícono a través del vestuario.

Podemos también mencionar la chaqueta color terracota con recamados en brillo de la colección otoño/invierno 2004 de Bill Blass, una pieza que refuerza la estética pulida y autoritaria del personaje.

Y en la actualidad, Stanley Tucci, en su papel de Nigel Kipling, asistió al desfile de Dolce & Gabbana primavera/verano 2026, reafirmando su estética impecable y su lugar como uno de los referentes de elegancia masculina dentro del universo de The Devil Wears Prada. Sin duda otro look que marcará historia.

Esta gira de lanzamientos incluyo a ciudades tan importantes como Seúl, Shanghái, Tokio, Nueva York y Londres, a lo que se sumaron para vestir a los protagonistas, marcas de lujo como Prada, Chanel, Valentino, Schiaparelli, Louis Vuitton, entre otras, reafirmando una vez más porque hacen parte de producciones de cine y figuran en las revistas de moda más reconocidas del mundo.
Motivo que nos llevó en Los Tips de Kika a resaltar las presentaciones de cada protagonista en los lanzamientos o ruedas de prensa, analizar su estilo y por supuesto, resaltar el mensaje que quiere entregar cada uno en esta versión de la película.

Empezamos con Anne Hathaway quien interpreta a Andy Sachs, llegó hace 20 años con la actitud del “no me importa la moda” a considerar un lujo inteligente en cada look. Una generación que se ve reflejada en ella, 20 años han pasado y en realidad es el arco de toda una trayectoria. Su transformación pasa de básicos sin intención a looks editoriales con identidad y estos fueron algunos de los más sobresalientes:
NY Premiere: llegó en un vestido en color rojo vibrante de Louis Vuitton con drop-waist, de corpiño ajustado y falda en nesgas con amplio volumen. Un look que refleja el nuevo glamour.

Londres: su aparición fue en un vestido Versace de archivo en color negro con transparencias en el corsé y abertura delantera, donde la sensualidad no rayaba con el mostrar mucho más de lo debido.

A la gala A Night with Runway en Londres llego con un vestido escote corazón de mucho volumen firmado por Louis Vuitton a rayas blancas y negras.

La intención era mostrarnos una sinergia entre looks editoriales y el estilo actual con sofisticación. Algo de nostalgia con el color rojo que se remonta al look del 2006 pero con otros aires y el uso de corsés con influencia arquitectónica.
Meryl Streep es Miranda Priestly, una mujer que muestra el poder en sus looks, ella no sigue tendencias. Las define con su porte y actitud, que 20 años después nos sigue entregando la imagen de una persona odiada por unos y respetada por otros, así como pasa en esta industria. Sus abrigos estructurados, gafas oscuras y siluetas impecables construyen a llevar autoridad sin levantar la voz.
Seúl: Impactó sin duda con este traje rojo Prada, en síntesis, el “devil red” reinterpretado. Outfit personalizado inspirado en un look RTW de otoño de 2009.

NY Premiere: Una capa roja de Givenchy que acompañó con guantes de cuero, mostrándonos una versión icónica y la renovada Miranda 2.0.

Londres: asistió a esta premier con un impecable total look de Prada: un abrigo rojo de satén de doble botonadura, combinado con una camisa blanca y stilettos rojos a juego.

Emily Blunt quien es Emily Charlton en la película, es la representación de la obsesión por pertenecer. Cada look suyo grita tendencia, precisión y control. En ella nada es casual y es la más fashion forward arriesgada que podamos conocer.
NY Premiere: llegó en un vestido Schiaparelli Couture con volumen dramático y un corsé recamado con 25.000 mil plumas en hilo de seda y 4000 horas de trabajo.

Londres: optó por un look en color rojo, a medida de Balenciaga, inspirado en un diseño de color negro presentado en la pasarela P/V 2026, complementado con piezas en cuero duchesse también personalizadas en el mismo rojo del vestido.

Press tour: a nivel general sus looks fueron de Balenciaga y Dior más estructurados y modernos. Mostrándonos una imagen más Couture en ella, teatralidad, evolución y por supuesto, toda una autoridad de la moda.
Stanley Tucci quien es Nigel Kipling, es el insider real. Su estilo no busca aprobación, refleja conocimiento, sastrería impecable, detalles precisos y una elegancia que, en él, no requiere esfuerzo.
NY Premiere: llegó en un blazer de velvet con estilo tailoring clásico de Armani y gafas oscuras.

Londres: llegó en un elegante traje negro de la casa Paul Smith, realzado con una discreta raya diplomática. Una chaqueta de doble botonadura con corte preciso, combinada con camisa blanca y corbata de seda en tono gris.
Press tour: trajes de Paul Smith refinados y effortless, son en su mayoría los que él viste. Nigel no sigue tendencias de moda, las adapta a su estilo, partiendo de la base en que siempre lo veremos con paleta de colores neutros.

Lo interesante de toda la gira no fue solo el uso del archivo, sino cómo se tradujo para una nueva era: en estructuras rígidas se suavizan, mostrando que el poder se vuelve menos explícito y más estratégico, mientras que la feminidad deja de justificarse y empieza a imponerse.
En 2026, mirar al pasado se ha convertido en una estrategia clara de posicionamiento. Y pocas producciones parecen entenderlo tan bien como The Devil Wears Prada 2: una apuesta que despierta expectativa mientras esperamos las primeras imágenes oficiales que revelen lo que nos ofrecerá en términos de looks y en el rescate del archivo de moda de las casas más influyentes del mundo.
Gracias a L'Oréal Paris por reafirmar su lugar entre la belleza y la cultura pop al anunciar esta alianza estratégica con The Devil Wears Prada 2 e invitarme a vivir de su premier aquí en New York, en donde también conocimos de primera mano, los productos que hacen parte de esta campaña:

1.Color Riche Satin Lipstick Le Rouge París en #300: nos ofrece un impresionante e icónico color de labios que resiste el paso del tiempo. Con una fórmula cremosa única, esta barra de labios es de acabado satinado.

2.Spray Infallible Setting Mist: un esencial de belleza para que tu maquillaje perdure hasta 36 horas y con apariencia impecable.

3.Extensionist Mascara for Extension-like Length & Curl: ideal para lograr unas pestañas tan largas y con un rizo tan definido como si tuviéramos extensiones.

Para esta especial noche, opté por los colores negro y rojo en un look que resalta la sensualidad, un guiño directo al universo fashion-editorial con una falda de silueta columna en negro profundo que estiliza la figura y aporta elegancia atemporal. La base minimalista se eleva con un corset estructurado en rojo intenso, de acabado brillante tipo charol.



Más allá de un momento de alto impacto en la alfombra roja, esta colaboración de L’Oreal Paris se posiciona como una declaración del poder de la imagen, la autoconfianza y el legado cultural que ha convertido a esta historia en un referente indiscutible dentro del imaginario fashionista.
También tuve la oportunidad de verla por segunda vez, esta vez acompañada de mi amiga Zuleika Viera y del grupo de mujeres de su comunidad, Viera Babes. A este encuentro se sumaron mis amigos Jason Marbello, Joan Wallace y Lizeth Pérez, convirtiendo la experiencia en un momento aún más especial.



Fue, además, la excusa perfecta para apostar por un look inspirado en Miranda Priestly: una propuesta en rojo y blanco que reinterpreta clásicos como la blusa de lazo y la falda midi a través de cortes y volúmenes contemporáneos. El resultado, un conjunto con esencia de editorial de moda: elegante, poderoso y con una personalidad claramente definida.

En cuanto a mis puntos de vista sobre la película volver al universo de The Devil Wears Prada fue sentirme dentro de una historia que, de alguna manera, también es mía. Hay algo muy poderoso en reencontrarse con personajes como Miranda Priestly, porque más allá de lo icónica que es, representa una verdad que muchas veces no decimos en voz alta quienes trabajamos en la industria; amar profundamente tu trabajo también implica sacrificios.

Mientras veía la película, no podía dejar de pensar en mi propio camino. En los años que llevo construyendo desde la moda, en ese amor por lo que hago que no ha cambiado con el tiempo. Porque cuando realmente me apasiona algo, no lo suelto, me propongo a evolucionar con el proceso y eso fue exactamente lo que sentí: una historia que ya no habla solo del sueño de entrar a la industria, sino de lo que significa quedarse, sostenerse y crecer dentro de ella.

Hay una escena —o más bien una idea— que se me quedó muy grabada: cuando se pone sobre la mesa todo lo que hay detrás del éxito. Las noches largas, las decisiones difíciles, las renuncias personales. Y entendí algo muy claro: nadie que esté afuera dimensiona completamente ese nivel de entrega, pero quienes estamos dentro, realmente lo reconocemos de inmediato.
También me tocó profundamente la forma en que la película aborda la transformación de los medios. Yo vengo de una generación que vivió la magia de las revistas impresas, ese momento en el que cada página tenía peso, intención, historia. Y hoy, ver cómo ese mundo cambia, cómo se adapta, cómo se reinventa, es tan real que duele un poco, pero también inspira.

Porque al final, entendemos que no solo se trata de revistas o de moda, es de entender que lo que construimos no desaparece, solo encuentra nuevas formas de existir. Salí de la película con una sensación muy clara: sigo creyendo en esto. Sigo creyendo en la moda como lenguaje, como plataforma, como forma de vida. Y sí… con todo lo que implica.
Con cariño… Kika
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The Devil Wears Prada 2: archival looks meet street style
Today, nearly two decades later—and following the global momentum built through its international premieres—this new installment of The Devil Wears Prada 2 stands as a quiet manual of style, ambition, and transformation, reflected not only in the storyline but in its characters and their evolving looks. It’s a narrative that brings multiple conversations within the fashion industry to the forefront: outfits that don’t age, but evolve, offering fresh interpretations of timeless pieces that will never go out of style.
Because beyond garments, what we see are living codes of power, belonging, and identity. When looking back at the iconic looks from the first The Devil Wears Prada and comparing them to the press tour of the sequel, it becomes clear how the archives of major luxury houses return to the spotlight with intention and storytelling.

A key example is Andy Sachs. It’s impossible not to remember that Chanel Cruise 2005 blazer under Karl Lagerfeld’s direction, which marked her transformation in the original film. Today, that memory is reinterpreted through Anne Hathaway’s reality, as she revisits elements of the character by wearing the brown Ralph Lauren coat—linked to the first movie—updated with Levi’s jeans featured in the sequel. And of course, we can’t forget Andy’s total black moment, embodied in a silk dress with lace trim by Dior, designed by John Galliano in 2005.



She was also seen leaving The Tonight Show Starring Jimmy Fallon studios in New York after promoting the film, wearing a piece loaded with history: the iconic vintage green coat with animal-print fur details that Andy Sachs wore in the first movie, reaffirming how wardrobe becomes a direct bridge between cinematic archive and present day.

Meanwhile, Emily Blunt as Emily Charlton, in one of her appearances from the original film, wore a tartan shirt by Vivienne Westwood—a piece that reflects the brand’s sophisticated punk DNA in 2006. On July 29, 2025, she was seen wearing a recycled satin bustier top by Wiederhoeft, a choice that connects the character’s aesthetic with a more conscious and experimental contemporary vision.


Another piece already positioning itself as part of fashion history is the coat worn by Meryl Streep days before the world premiere in New York: a bold, winter-ready Gucci animal print design, perfectly aligned with Miranda Priestly’s power-driven DNA.

This is complemented by one of the most memorable moments from the original film: Miranda’s custom black Valentino dress inspired by Fall/Winter 2005 couture—a piece that encapsulates timeless elegance. Two looks, two eras, one flawlessly constructed icon through wardrobe.

We can also highlight the terracotta jacket with shimmering embellishments from Bill Blass Fall/Winter 2004, reinforcing the character’s polished and authoritative aesthetic.

In the present, Stanley Tucci as Nigel Kipling attended the Dolce & Gabbana Spring/Summer 2026 show, reaffirming his impeccable aesthetic and his place as a benchmark of masculine elegance within The Devil Wears Prada universe. Without a doubt, another look that will leave a mark.

This global press tour included major cities such as Seoul, Shanghai, Tokyo, New York, and London. Dressing the cast were luxury houses like Prada, Chanel, Valentino, Schiaparelli, Louis Vuitton, among others—once again reaffirming why these brands remain integral to film productions and the pages of the world’s most influential fashion magazines.
This is what led us at Los Tips de Kika to highlight each protagonist’s appearances during premieres and press events, analyze their style, and, of course, decode the message each one conveys in this new chapter of the film.

We begin with Anne Hathaway as Andy Sachs, who arrived 20 years ago with a “fashion doesn’t matter to me” attitude, and has since evolved into a symbol of intentional, intelligent luxury. A generation sees itself reflected in her—20 years later, her journey represents a full-circle evolution. From uninspired basics to editorial looks with identity, here are some of her standout moments:
NY Premiere: She wore a vibrant red Louis Vuitton dress with a drop waist, fitted bodice, and voluminous paneled skirt—a look that reflects a new kind of glamour.

London: She appeared in a black archival Versace dress with sheer corset detailing and a front slit, where sensuality remained refined and controlled.

A Night with Runway Gala (London): She wore a voluminous sweetheart neckline dress by Louis Vuitton in black and white stripes.

The intention: to show a synergy between editorial fashion and contemporary sophistication. A touch of nostalgia appears through the color red—echoing her 2006 look—but reimagined with architectural corsetry.
Meryl Streep is Miranda Priestly—a woman who embodies power through her wardrobe. She doesn’t follow trends; she defines them through presence and attitude. Twenty years later, she still represents a figure both feared and respected, much like the industry itself. Structured coats, dark sunglasses, and impeccable silhouettes communicate authority without saying a word.
Seoul: She stunned in a red Prada suit—a reinterpretation of “devil red,” inspired by Fall 2009 RTW.

NY Premiere: A red Givenchy cape paired with leather gloves delivered an iconic Miranda 2.0.

London: She wore a flawless Prada look: a double-breasted red satin coat styled with a white shirt and matching red stilettos.

Emily Blunt as Emily Charlton represents the obsession with belonging. Every look screams trend, precision, and control. Nothing is accidental—she’s the most daring and fashion-forward of them all.
NY Premiere: She wore a Schiaparelli Couture dress with dramatic volume and a corset embroidered with 25,000 silk-thread feathers—requiring over 4,000 hours of craftsmanship.

London: She chose a custom red Balenciaga look inspired by a black design from the Spring/Summer 2026 runway, paired with matching duchesse leather pieces.

Press Tour: Her wardrobe leaned toward structured, modern Balenciaga and Dior looks, showcasing a more couture, theatrical, and authoritative evolution.
Stanley Tucci as Nigel Kipling is the ultimate insider. His style doesn’t seek approval—it reflects knowledge, impeccable tailoring, and effortless elegance.
NY Premiere: A velvet Armani blazer with classic tailoring and dark sunglasses.
London: A refined black Paul Smith suit with subtle pinstripes, featuring a double-breasted jacket, white shirt, and gray silk tie.

Press Tour: Predominantly Paul Smith suits—refined and effortless. Nigel doesn’t follow trends; he adapts them, always grounded in neutral tones.
What’s most compelling about this tour isn’t just the use of archival fashion, but how it’s translated for a new era: rigid structures soften, power becomes less explicit and more strategic, and femininity stops justifying itself and begins asserting its presence.

In 2026, looking to the past has become a clear positioning strategy—and few productions understand this as well as The Devil Wears Prada 2: a project that builds anticipation as we await official visuals that will reveal its full fashion narrative and archival revival.
Thanks to L’Oréal Paris for reaffirming its place between beauty and pop culture through this strategic partnership with The Devil Wears Prada 2, and for inviting me to experience the premiere here in New York, where we also got a firsthand look at the products featured in this campaign:



1.Color Riche Satin Lipstick Le Rouge Paris #300: an iconic, timeless lip color with a creamy satin finish.

Infallible Setting Spray: a beauty essential that keeps makeup flawless for up to 36 hours.

3.Extensionist Mascara: perfect for achieving long, defined lashes with an extension-like effect.

For this special night, I chose black and red—a look that highlights sensuality, with a nod to the editorial fashion universe. A black column skirt elongates the silhouette with timeless elegance, while a structured red corset with a glossy patent finish elevates the ensemble.


Beyond a red-carpet moment, this L’Oréal Paris collaboration stands as a statement on the power of image, self-confidence, and cultural legacy that has made this story an undeniable fashion reference.
I also had the chance to watch the film a second time, this time with my friend Zuleika Viera and the women from her community, Viera Babes. Joining us were Jason Marbello, Joan Wallace, and Lizeth Pérez—making the experience even more special.


It was also the perfect excuse to wear a look inspired by Miranda Priestly: a red and white ensemble that reinterprets classics like the bow blouse and midi skirt through contemporary cuts and volume. The result: a fashion editorial-inspired look—elegant, powerful, and with a clearly defined identity.

As for my personal take on the film, returning to The Devil Wears Prada universe felt like stepping into a story that, in many ways, is also mine. There’s something powerful about reconnecting with characters like Miranda Priestly—because beyond her iconic status, she represents a truth many of us in the industry don’t always say out loud: loving your work deeply also requires sacrifice.
While watching, I couldn’t stop thinking about my own journey. The years I’ve spent building a career in fashion, and that love for what I do that hasn’t changed. Because when I’m truly passionate about something, I don’t let it go—I evolve with it. And that’s exactly what I felt: this is no longer just a story about entering the industry, but about staying, sustaining yourself, and growing within it.

There’s a moment—or rather, an idea—that stayed with me: when the film reveals everything behind success. The long nights, the difficult decisions, the personal sacrifices. And I realized something very clearly: those outside can’t fully grasp that level of commitment—but those of us inside recognize it instantly.
I was also deeply moved by how the film addresses the transformation of media. I come from a generation that experienced the magic of print magazines—where every page carried weight, intention, and story. And today, seeing how that world changes, adapts, reinvents itself—it’s real. It hurts a little, but it also inspires.

Because in the end, it’s not just about magazines or fashion—it’s about understanding that what we build doesn’t disappear; it simply finds new ways to exist.

I left the theater with one clear feeling: I still believe in this. I still believe in fashion as a language, as a platform, as a way of life. And yes… with everything that comes with it.
With love,
Kika
