· By Kika Rocha
Por el retrovisor de Carolina Herrera
Carolina Herrera inaugura NYFW Otoño–Invierno 2026, en donde se mezclaron arte, poder y feminidad en una sola conversación.
La Semana de la Moda de Nueva York comenzó con una temporada que promete un discurso de historia, propuestas y con ese toque de actualidad. La icónica marca de Carolina Herrera fuen la que aperturó oficialmente el calendario Otoño–Invierno 2026, no solo con una colección exquisita, sino con una declaración clara sobre la mujer, el arte y la permanencia del estilo.


Bajo la dirección creativa de Wes Gordon, la maison presentó algo más que siluetas impecables. Nos construyó un relato. Un espacio donde la moda dialoga con la cultura y en donde la mujer no es solo su musa, es también una protagonista activa. En pasarela, artistas estadounidenses caminaron junto a modelos, reforzando una narrativa que celebra creatividad, identidad y diversidad desde un mismo lugar elegante y consciente.


Carolina Herrera nos vuelve a recordar que la tradición no es estática. Es evolución. Es memoria reinterpretada. En esta colección, Gordon nos llevó por el retrovisor de la marca que honra aquellos códigos que definieron la casa de moda en los años 80: mangas con carácter, cinturas definidas, el rojo poderoso que no pide permiso pero que los traduce con esa mirada actual, más aguda y con un toque de irreverencia.




Desde el primer look que llevaba un abrigo de leopardo con hombros marcados, el mensaje fue importante: el poder sigue siendo seductor, pero hoy también se permite algo de frescura y actualidad. Una colección inspirada en figuras culturales como Peggy Guggenheim y otras mujeres influyentes del universo creativo, fusionando la estructura clásica con volúmenes contemporáneos, dentro de los que se destacaban algunos blazers de maxi hombros, faldas lápiz que estilizan la figura femenina, capas con ese toque romántico y una riqueza visual construida a través de estampados animales, flores y destellos de lentejuela.



La paleta pasó entre la sobriedad atemporal del negro, blanco y rojo, el sello inconfundible de la marca Carolina Herrera y estampados audaces que rompían la línea de diseño con intención. Los vestidos de noche, recamados en pedrería dorada y un brillo estratégico, confirmaron algo que siempre he defendido: el glamour no desaparece en tiempos complejos, se transforma.


Una pasarela que reunió a voces influyentes del espectáculo y la moda. Desde la icónica Anna Wintour hasta artistas como Lauryn Hill, el front row fue un reflejo de esa conversación entre moda y cultura que la firma quiso enfatizar. No eran simples asistentes, ellas eran parte del relato.
Por supuesto la gran protagonista de la noche,la misma Carolina Herrera, vestida del icónico rojo de su marca, estuvo en primera fila acompañada como siempre de su hija Carolina Adriana Herrera y a dos sillas de Anna Wintour.


Este tipo de colecciones me llevan como siempre a explorar estilos que nunca pasan de moda y de inmediato, recordé un look que usé en París pare el año 2017,una falda MIDI muy elegante que se parece mucho a uno de los looks propuestos por la marca.

Porque cuando una marca entiende su herencia y al mismo tiempo escucha su tiempo, la pasarela deja de ser escenario y se convierte un claro mensaje: Carolina Herrera seguirá siendo esa marca que defiende el glamour y la elegancia femenina, algo que me gusta mucho y que por supuesto, verán siempre reflejados en mis looks.
Con cariño… Kika
