· By Kika Rocha
¡Hasta pronto Goldie!
Cuando hablamos de amor perruno, podemos decir que es una de las formas más puras de amor que existen. No pregunta, no exige, no condiciona. Simplemente está. Es un amor que no necesita palabras porque se expresa en la espera paciente detrás de una puerta, en la mirada que todo lo entiende, en la presencia que nos acompaña en casa incluso en silencio.


Hay despedidas que no se pueden explicar, simplemente agradecer. Goldie llegó a nuestra vida para enseñarnos una forma de amor que no conoce condiciones ni “hasta prontos” reales. Durante doce años fue mucho más que un perro: fue presencia constante, mirada cómplice, elegancia natural y compañía silenciosa en los días felices; refugio cálido en los momentos difíciles.




Tenía esa nobleza que solo habita en los corazones puros. Sabía estar sin invadir, cuidar sin hablar, amar sin medida. Con él aprendimos que la alegría muchas veces tiene cuatro patas, que la lealtad es un lenguaje universal y que el hogar no siempre es un lugar… sino quien te espera.



Se fue como un ser extraordinario: con serenidad, rodeado de amor, dejándonos el privilegio inmenso de haber compartido su vida. Se fue como vivió: con nobleza, en paz, dejando un rastro de amor imposible de borrar.
Para Victoria, su hermana gemela del alma.
Para mí, su mamá amorosa y también estricta.
Para Víctor, su papi original.
Para Chase, a quien acompañó fielmente en su Bonsai Studio en Pensilvania.
Y para Giuseppe, su papá adoptivo, quien lo cuidó en sus años maduros y le regaló esos últimos paseos en la nieve, donde jugueteaba hasta el final como un cachorrito dorado.




Hoy el silencio pesa un poco más. La casa lo nombra en cada rincón. Pero incluso en medio de la tristeza hay algo más grande: una gratitud profunda por cada paseo, cada mirada, cada instante compartido.
Su amor perruno nos enseñó a vivir más simple y más verdadero. Nos recuerda que la alegría cabe en un paseo, que el consuelo puede tener forma de un abrazo cálido y que el hogar se construye con afecto constante. Nos mostró que amar es permanecer.



Tal vez por eso su partida duele tanto. Porque cuando un perro ama, lo hace con todo su ser. Y cuando se va, deja una huella que no se borra: se transforma en memoria, en gratitud y en una parte eterna de nosotros.
Porque el amor verdadero no termina; solo cambia de forma. Goldie no fue solo parte de nuestra historia. Fue uno de los capítulos más felices e irrepetibles de nuestras vidas.


Y aunque hoy tengamos que aprender a no verlo, seguiremos sintiéndolo en todo lo que nos enseñó: amar sin reservas, vivir con dulzura y recordar que las huellas más importantes no se borran jamás.
Gracias, por tanto, Goldie.
Los perros no nos acompañan toda la vida…
pero tienen el poder de volverse eternos en la nuestra.


Espéranos al final del arcoíris, mi Goldie boy, como ese tesoro dorado y anhelado que siempre fuiste y siempre serás.
Y mientras tanto, en esta vida, sabré reconocerte en otros ojitos cuando algún amigo perruno vuelva a sentarse en mi sofá con toda tu clase, tu elegancia y tu hermosura.

Siempre nuestro. Siempre dorado. Siempre amor.
I miss you my golden lucky fluffy honey PAL … 🐾🤍
Tu familia…
____________________________________________________
See you soon, Goldie!
Goldie came into our lives to teach us a kind of love that knows no conditions and no true goodbyes. For twelve years, he was more than a dog: he was a constant presence, a knowing gaze, quiet elegance, a silent companion in joyful days, and a warm refuge in difficult moments.
Goldie gave us everything.
He carried a nobility that lives only in the purest hearts — a way of being without imposing, of protecting without words, of loving without measure. Through him, we learned that joy often has four legs, that loyalty is a universal language, and that home is not always a place, but someone who waits for you.
He left us as extraordinary beings do: with serenity, surrounded by love, granting us the immense privilege of having shared his life.
He departed as he lived — with dignity, in peace, leaving behind a trail of love impossible to erase: for Victoria, his soul’s twin sister; for me, his loving yet strict mom; for Víctor, his original and out going dad; for Chase, his grandota whom he accompanied at his Bonsai Studio in Pennsylvania during his visits; and for Giuseppe, his devoted adoptive father, who cared for him with tenderness during his mature years and shared those final snowy walks where he still played like a little puppy until the very end.

Today, the silence feels heavier. The house calls his name in every corner. Yet even in the midst of sorrow, something greater remains — a profound gratitude for every walk, every glance, every treat, every game, every moment.
Because true love never ends; it simply changes form.
Goldie was not just part of our story. He was one of its happiest and most irreplaceable chapters.
And although we must now learn not to see him, we will continue to feel him in everything he taught us: to love without reservation, to live with gentleness, and to remember that the most meaningful footprints never fade.
Thank you for everything, Goldie.
Dogs do not walk beside us our entire lives… yet they hold the quiet power to become eternal in ours.
Wait for us at the end of the rainbow, my Goldie boy — as that shinny, longed-for treasure you always were and always will be.
And while I continue my journey in this life, I will know how to recognize you in other bright canine eyes when another canine friend one day sits on my sofa, carrying your same poise, grace and beauty.”
I will always love you and miss you, my golden, lucky,fluffy, honey PAL… 🐾🤍
