· By Kika Rocha
Cita con el arte
Mariana Córdoba talento que transforma la memoria en color
En el mundo del arte contemporáneo, construir una voz propia requiere mucho más que talento. Implica tiempo, disciplina y la capacidad de transformar experiencias personales en un lenguaje visual capaz de conectar con los demás. La artista colombo-estadounidense Mariana Córdoba ha logrado precisamente eso: desarrollar una práctica artística donde la abstracción, el color y la emoción se convierten en herramientas para explorar la identidad, la memoria y el cambio.

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Recientemente tuvimos la oportunidad de apreciar su obra en la Galería La Comera de Miami junto a mi compañero y crítico de arte Miguel Sirgado quien quedó encantado con su propuesta.
Esta visita fue la inspiración para este pequeño homenaje que dedico a su trayectoria y talento. Actualmente radicada en Londres y graduada del prestigioso Royal College of Art, Córdoba forma parte de una exposición colectiva en la galería La Cometa de Miami, donde comparte espacio con reconocidos artistas internacionales como Sophie Calle, Guillermo Kuitca, Delcy Morelos, Glenda León y Zhivago Duncan, entre otros.

Más allá de los importantes escenarios en los que ha presentado su obra, lo que resulta especialmente interesante de Mariana es la manera en que su experiencia personal ha influido en su proceso creativo.
Haber vivido entre distintos países y culturas le permitió comprender desde muy temprano que la identidad no es algo fijo, sino una construcción en constante transformación.

“Vivir entre culturas me ha hecho consciente de lo fluida y compleja que puede ser la identidad”, me comentó durante nuestra conversación. “Cada lugar deja una impresión visual y emocional que continúa apareciendo en mi trabajo, aunque no siempre de forma evidente”.
Esa reflexión atraviesa gran parte de su producción artística. Sus pinturas, construidas a través de capas de color, marcas, texturas y gestos, funcionan como espacios donde conviven recuerdos, emociones y experiencias acumuladas a lo largo del tiempo.

Durante nuestra conversación, Mariana habló con entusiasmo sobre la importancia de la experimentación dentro de su estudio. Me explicó que rara vez comienza una obra con una imagen completamente definida. Por el contrario, cada pintura evoluciona mediante un proceso de descubrimiento constante.

“La revisión es fundamental para cómo trabajo”, explica. “Las capas son la forma más importante en que una pintura se construye, pero la borradura es igual de importante”.
Esa combinación entre construcción y transformación se ha convertido en una de las características más distintivas de su trabajo. En sus lienzos conviven elementos que aparecen, desaparecen y reaparecen, creando composiciones donde el proceso creativo permanece visible para el espectador.
Uno de los aspectos más fascinantes de su práctica es su relación con el color. Aunque reconoce que muchas decisiones surgen de manera intuitiva, existe también una preparación cuidadosa detrás de cada serie. Antes de comenzar una nueva etapa de trabajo, selecciona y mezcla previamente los colores que utilizará, creando una base sobre la cual las pinturas pueden desarrollarse libremente.

“Muchas veces siento que un color simplemente pertenece junto a otro”, comenta. “Hay una lógica interna que aparece mientras estoy trabajando”.
Entre sus influencias reconoce la obra de Joan Mitchell, una de las figuras más importantes del expresionismo abstracto estadounidense. Le atrae especialmente la libertad compositiva y la energía que Mitchell lograba transmitir a través del gesto y el color, elementos que también aparecen, reinterpretados, dentro de su propio lenguaje visual.
Pero más allá de las referencias artísticas o los procesos técnicos, lo que más me llamó la atención de Mariana fue la claridad con la que habla sobre el propósito de su trabajo. Para ella, el arte sigue siendo, ante todo, una experiencia profundamente humana.

“Lo que más deseo es que las personas sientan algo”, afirma. “No importa exactamente qué emoción sea. Lo importante es que exista una conexión”.
En una época marcada por la velocidad y la saturación de imágenes, la obra de Mariana Córdoba propone una pausa. Una invitación a observar con más atención, a conectar con las emociones y a descubrir nuevas lecturas dentro de cada superficie.
Su participación en la exposición de La Cometa confirma el creciente reconocimiento de una artista que continúa construyendo una trayectoria internacional sin perder la autenticidad que define tanto su obra como su manera de entender el arte.
Con cariño... Kika
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Mariana Córdoba: When Art Transforms Memory Into Color
In the world of contemporary art, developing a distinctive voice requires far more than talent alone. It demands discipline, persistence, and the ability to transform personal experiences into a visual language that resonates with others. Colombian-American artist Mariana Córdoba has done precisely that, creating a body of work in which abstraction, color and emotion become tools for exploring identity, memory and transformation.

We recently had the opportunity to appreciate her work at La Cometa Gallery in Miami alongside my colleague, art critic Miguel Sirgado, who was deeply impressed by her artistic vision and the strength of her creative voice.
That visit served as the inspiration for this brief tribute, which I dedicate to her extraordinary career, unwavering passion, and remarkable talent.

Currently based in London and a graduate of the prestigious Royal College of Art, Córdoba is part of a group exhibition at La Cometa Gallery in Miami, where her work is shown alongside internationally recognized artists including Sophie Calle, Guillermo Kuitca, Delcy Morelos, Glenda León and Zhivago Duncan, among others.

Beyond the important venues where she has exhibited, what makes Mariana’s journey particularly compelling is the way her personal experiences have shaped her creative practice. Living between different countries and cultures has given her a unique perspective on identity—not as something fixed, but as something constantly evolving.

“Living between cultures has made me aware of how fluid and layered identity can be,” she told me during our conversation. “Each place leaves a visual and emotional impression that continues to surface in my work, even if it’s not immediately obvious.”
That idea runs throughout much of her work. Built through layers of color, marks, textures and gestures, her paintings become spaces where memories, emotions and lived experiences coexist.
During our conversation, Mariana spoke passionately about the importance of experimentation in her studio practice. She explained that she rarely begins a painting with a fully formed image in mind. Instead, each work develops through a process of discovery.

“Revision is fundamental to how I work,” she says. “Layers are the most important way a painting is made, but erasure is equally important.”
That balance between construction and transformation has become one of the defining characteristics of her work. Elements appear, disappear and reemerge across the canvas, creating compositions that allow viewers to glimpse the evolution of the creative process itself.
One of the most fascinating aspects of her practice is her relationship with color. While many of her decisions are intuitive, there is also a thoughtful level of preparation behind each series. Before beginning a new body of work, she carefully selects and premixes her palette, creating a foundation from which the paintings can evolve organically.

“Sometimes I simply feel that a certain color belongs next to another,” she explains. “There’s an internal logic that develops while I’m working.”
Among the artists who have influenced her thinking is Joan Mitchell, one of the leading figures of American Abstract Expressionism. Córdoba is particularly drawn to Mitchell’s sense of freedom, movement and energy—qualities that can also be felt, in her own way, throughout Mariana’s paintings.

Yet beyond artistic references and studio techniques, what struck me most during our conversation was the clarity with which she speaks about the purpose of her work. For Córdoba, art remains, above all, a human experience.
“What I want most is for people to feel something,” she says. “It doesn’t matter exactly what emotion it is. What matters is that there is a connection.”
At a time when visual culture often encourages speed and constant distraction, Mariana Córdoba’s work offers something different: an invitation to slow down, look more closely and reconnect with emotion.

Her inclusion in the current exhibition at La Cometa reflects the growing recognition of an artist who continues to build an international career while remaining deeply committed to the authenticity that defines both her work and her vision of art.
With love,
Kika
